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La retina y, por tanto, la mácula también descansan sobre otra capa de la parte posterior del ojo denominada coroides. Esta proporciona oxígeno y nutrientes a la retina y es responsable de la limpieza de los productos de desecho que genera la retina. Todos estos intercambios deben realizarse atravesando una membrana muy fina que existe entre la retina y la coroides, la membrana de Bruch. Pues bien, son precisamente las anomalías en ésta última estructura los que causan inicialmente la DMAE. Así, puede que estos cambios impidan la correcta nutrición de la retina lo que produce la degeneración secundaria de la retina que se apoya sobre esa zona, lo que se conoce por forma seca o atrófica de la enfermedad. La otra posibilidad es que como estímulo a la falta de nutrientes y oxígeno se desarrolle el crecimiento de vasos anormales que finalmente destruyen las estructuras que los rodean a medida que crecen, lo que se conoce como forma húmeda o exudativa.
Estos dos términos no guardan ninguna relación con el concepto de “Síndrome de ojo seco”, ni tampoco tienen que ver con los fenómenos de “lagrimeo”.
En la Degeneración Macular, el daño se produce en el área central de la retina (la mácula) preservando la retina periférica. Por esta razón, sólo aquello a lo que el paciente mira aparecerá borroso pero, se conservará la capacidad de de ambulación y de evitar obstáculos que puedan aparecer en el camino.
También es importante destacar que la forma seca de la DMAE se desarrolla de forma lenta a lo largo de los años, en los que pequeñas áreas de atrofia van confluyendo para dar finalmente lugar a un área ausente de retina centrada en la mácula.
Debido a su prolongada historia natural y a que la zona de retina dañada suele ser menor que en las formas húmedas, la adaptación cerebral a la pérdida visual suele ser bastante buena en este primer grupo de pacientes. Por el contrario, las formas húmedas progresan muy rápidamente, provocando una pérdida de visión de un gran área de retina en tan sólo unas pocas semanas o meses.
NO. Esta enfermedad no se asocia, ni con dolor, ni con ningún tipo de molestia ocular en general salvo la alteración de la función visual. Además, si un paciente tiene como única patología ocular una DMAE nunca se quedará totalmente ciego.
Como ya se ha explicado, sólo se deteriora la visión central, permaneciendo normal la visión periférica.
En primer lugar hay que decir que esta enfermedad suele ser bilateral, es decir, afecta a ambos ojos, aunque, pueden no afectarse al mismo tiempo.
Sin embargo, algunas personas se dan cuenta de que presentan algún tipo de problema visual sólo cuando se afecta el segundo ojo. Inicialmente, usted puede notar uno o varios de los siguientes síntomas:
Si usted sospecha que prude tener una DMAE pero se trata de un proceso que lleva una evolución prolongada, acuda a la consulta de su oftalmólogo pidiendo una cita ordinaria. Si, por el contrario, los síntomas han aparecido recientemente y de dorma aguda, entonces acuda a su especialista de forma urgente.
De igual modo, si ha sido diagnosticado previamente de DMAE en uno de sus ojos y comienza a presentar de forma brusca alguno de los síntomas expuestos anteriormente en el otro, tampoco debera demorar su visita médica.
En primer lugar se estudiará la agudeza visual en ambos ojos. Después será examinado con un oftalmoscopio y una lámpara de hendidura utilizando lentes especiales. En ocasiones se utiliza una rejilla de Amsler, que es una pequeña lámina cuadriculada con la que se pueden detectar puntos ciegos y/o distorsiones. También es posible que se tomen fotografías de fondo con una cámara especial y con la ayuda de un flash. Esto permite a su médico tener un registro del aspecto del fondo de ojo que se puede utilizar para realizar comparaciones posteriores.
Por último, algunos pacientes precisarán la realización de una angiografía Fluoresceínica. Este test se utiliza en 3 situaciones:
(1) para establecer el diagnóstico.
(2) para delinear el área exacta que debe recibir tratamiento láser directo y
(3) para determinar la causa de cambios en su visión.
Para esta prueba hay que inyectar una pequeña cantidad de un colorante en una vena de su brazo. A continuación, se tomará una serie de fotografías para registrar el paso del colorante a través de la circulación retiniana. En condiciones normales el colorante no sale de los vasos, pero si hay vasos anormales el colorante rezuma en ese punto. Los resultados de esta prueba y la conveniencia de realizar tratamiento láser deberán ser discutidos con usted.
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