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La diabetes es la principal causa de enfermedad renal y ceguera en los países desarrollados. Por tanto en los pacientes con diabetes se debe determinar la función renal anualmente mediante análisis de sangre y orina así como realizar examen de fondo de ojo una vez al año. Las exploraciones deben comenzar 5 años después del diagnóstico en pacientes con diabetes tipo 1 y en el momento del diagnóstico en la diabetes tipo 2. Se ha visto que un tratamiento intensivo de la diabetes puede retrasar el desarrollo de la retinopatía diabética y su progreso y esto se hace más evidente con el paso del tiempo.
Durante los dos primeros años de tratamiento intensivo no existen diferencias en la progresión de la retinopatía entre pacientes con este control estricto y control convencional e incluso la retinopatía puede empeorar en pacientes mal controlados que comiencen con un control intensivo de su diabetes. Es fundamental por tanto un estrecha vigilancia del fondo de ojo. Después del segundo año los pacientes con control estricto muestran, de forma significativa, menor progreso de la retinopatía.
Después de los 3-5 años de seguimiento, el riesgo de progresión de la retinopatía es mucho menor con el tratamiento intensivo que con el convencional. La aparición de retinopatía diabética se relaciona con el tiempo que ha estado presente la enfermedad. Así, el riesgo de desarrollar retinopatía aumenta después del quinto año de diabetes y alcanza el máximo hacia los diez años, para permanecer constante por el resto de la vida del paciente.
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