Sin una causa evidente
Es frecuente descubrir la mancha al mirarse al espejo sin recordar ningún golpe, esfuerzo o molestia previa.
Descubre por qué aparece esta llamativa mancha roja en el ojo, cómo debes actuar y qué síntomas indican que conviene acudir al oftalmólogo.
Descubrir una zona de color rojo intenso en la parte blanca del ojo suele causar una gran alarma. Puede aparecer de forma repentina, sin molestias previas, y extenderse desde una pequeña mancha hasta ocupar una superficie considerable.
Este cambio se conoce popularmente como derrame ocular y, en términos médicos, como hemorragia subconjuntival o hiposfagma. Se produce cuando un pequeño vaso sanguíneo se rompe y la sangre queda acumulada bajo la conjuntiva, la fina membrana transparente que recubre la superficie blanca del ojo.
Aunque su aspecto puede ser muy aparatoso, es importante diferenciarlo de otros tipos de ojo rojo y tener en cuenta si aparece acompañado de dolor, molestias, cambios en la visión o algún traumatismo.
El Dr. Ángel López Castro explica a continuación qué es un derrame ocular, por qué puede aparecer y cómo debemos actuar.
En menos de dos minutos, el Dr. Ángel López Castro explica por qué aparece esta mancha roja, si está relacionada con la tensión arterial o la presión ocular y cuándo conviene realizar una revisión.
Duración: 1 min 48 sEl derrame ocular, conocido médicamente como hemorragia subconjuntival o hiposfagma, aparece cuando uno de los pequeños vasos sanguíneos de la superficie del ojo se rompe.
La sangre queda acumulada bajo la conjuntiva, una fina membrana transparente que recubre la parte blanca del ojo. Como esta zona no absorbe la sangre de forma inmediata, se forma una mancha roja intensa y claramente visible.
Puede ocupar únicamente un pequeño punto o extenderse por una parte considerable del ojo. Aunque su aspecto resulte muy aparatoso, normalmente la sangre permanece en la superficie y no entra en el interior del globo ocular.
Estas características ayudan a reconocer una hemorragia subconjuntival habitual.
La sangre suele concentrarse en una zona concreta de la parte blanca del ojo.
Es frecuente descubrirla al mirarse al espejo, sin haber notado previamente ninguna molestia.
A diferencia de algunas infecciones, no suele producir legañas ni secreción ocular.
Una hemorragia subconjuntival sencilla no debería provocar pérdida de visión.
En una conjuntivitis o en una irritación, el enrojecimiento suele ser más difuso y puede acompañarse de picor, secreciones o sensación de arenilla. En el derrame ocular se observa habitualmente una mancha de sangre intensa y bien delimitada.
En muchas ocasiones no es posible identificar una causa concreta. Otras veces, la rotura del pequeño capilar se produce después de un gesto cotidiano o de un aumento puntual de presión en los vasos sanguíneos.
Es frecuente descubrir la mancha al mirarse al espejo sin recordar ningún golpe, esfuerzo o molestia previa.
El roce, incluso de forma involuntaria mientras dormimos, puede romper alguno de los pequeños vasos de la conjuntiva.
Estos episodios pueden aumentar momentáneamente la presión en los vasos y favorecer la aparición de la hemorragia.
Levantar peso, realizar un esfuerzo intenso o contener la respiración durante una actividad también puede actuar como desencadenante.
Un pequeño golpe, una intervención o determinados procedimientos realizados sobre el ojo pueden ocasionar un sangrado superficial.
La hipertensión arterial, algunos trastornos de coagulación y los medicamentos anticoagulantes o antiagregantes pueden favorecer su aparición, especialmente cuando los episodios se repiten.
Tener un derrame ocular no significa necesariamente que haya subido la tensión arterial ni que exista una presión ocular elevada. Cuando aparece de forma repetida, sí conviene valorar posibles factores asociados.
Cuando se trata de una mancha roja aislada, sin dolor, alteraciones de la visión ni un traumatismo previo, normalmente no es necesario realizar ningún tratamiento específico.
Lo más importante es proteger el ojo y observar cómo evoluciona durante los días siguientes.
Aunque la mancha pueda resultar muy aparatosa, su aspecto suele ser más preocupante que el problema que representa.
El roce puede irritar la superficie ocular y favorecer la rotura de otros pequeños vasos sanguíneos.
La sangre está situada debajo de la conjuntiva. No puede eliminarse lavando el ojo ni utilizando suero fisiológico.
Los colirios antibióticos o blanqueadores no hacen desaparecer el derrame. Utilízalos únicamente cuando hayan sido indicados por un profesional.
La mancha debería ir cambiando de aspecto y reduciéndose progresivamente. Si se repite con frecuencia, conviene realizar una valoración médica.
No suspendas ni modifiques la medicación por tu cuenta. Si los derrames son recurrentes, consulta con el médico que controla tu tratamiento.
La sangre acumulada bajo la conjuntiva se reabsorbe de forma progresiva. El tiempo necesario depende principalmente de la extensión de la hemorragia.
Dependiendo del tamaño de la mancha, un derrame ocular puede tardar desde unos días hasta varias semanas en desaparecer por completo.
Durante este proceso, la hemorragia puede cambiar de forma, desplazarse ligeramente o presentar distintas tonalidades. Es habitual que el color rojo inicial evolucione hacia tonos más oscuros, anaranjados o amarillentos.
Estos cambios no significan necesariamente que el ojo esté empeorando. Normalmente forman parte de la degradación y posterior reabsorción de la sangre acumulada bajo la conjuntiva.
Los derrames pequeños suelen desaparecer antes. Cuando la hemorragia ocupa una superficie mayor, la reabsorción puede ser más lenta y prolongarse durante varias semanas sin que esto signifique necesariamente que exista una complicación.
No es necesario comprobar continuamente el aspecto del ojo. Lo importante es observar una evolución progresiva y confirmar que no aparecen dolor, pérdida de visión u otros síntomas nuevos.
Una hemorragia subconjuntival aislada suele evolucionar favorablemente. Sin embargo, algunos síntomas no corresponden al derrame ocular habitual y requieren una valoración profesional.
Un derrame ocular superficial no debería alterar la visión.
El dolor no es una característica habitual de la hemorragia subconjuntival sencilla.
Es importante descartar que exista una lesión ocular asociada.
Una sensibilidad marcada a la luz puede indicar otra causa de ojo rojo.
Los episodios recurrentes pueden justificar una revisión de posibles factores asociados.
Conviene comentar esta circunstancia durante la valoración.
No suspendas la medicación, pero informa al profesional que controla tu tratamiento.
El sangrado de encías, las hemorragias nasales o los hematomas frecuentes deben comentarse con el médico.
Una mancha roja aislada, sin dolor ni cambios en la visión, suele corresponder a una hemorragia subconjuntival que se reabsorbe de forma natural. Si existen otros síntomas o el problema se repite, conviene confirmar el diagnóstico.
Estas son algunas de las dudas más habituales cuando aparece una hemorragia subconjuntival.
No. Una hemorragia subconjuntival no es una infección y no se transmite a otras personas. Si el ojo rojo presenta secreciones, picor intenso o legañas, puede existir otra causa, como una conjuntivitis.
Una hemorragia subconjuntival sencilla no debería provocar visión borrosa ni pérdida visual. Si aparece cualquier cambio en la visión, conviene realizar una valoración oftalmológica.
Habitualmente no necesita tratamiento específico. La sangre se reabsorbe de forma natural. Si existe una ligera sensación de irritación, un profesional puede recomendar lágrimas artificiales, pero los colirios no hacen desaparecer la mancha de manera inmediata.
En general, sí. Cuando no existe dolor, alteración visual ni traumatismo, pueden mantenerse las actividades cotidianas. Es recomendable evitar frotarse el ojo y protegerlo frente a posibles golpes.
No necesariamente. También puede aparecer en personas con una tensión arterial normal. Sin embargo, cuando los episodios se repiten, puede ser conveniente revisar la presión arterial y otros posibles factores asociados.
Los derrames recurrentes deben comentarse con un profesional. Puede ser necesario revisar la medicación, la tensión arterial o la existencia de diabetes, alteraciones de coagulación u otros factores generales.
Ante dolor ocular, pérdida de visión, un traumatismo previo o síntomas diferentes a una mancha roja aislada, es recomendable solicitar una valoración oftalmológica.