¿Qué se valora durante la exploración?
En primer lugar se observa la superficie ocular:
la córnea, la conjuntiva, los párpados y el aspecto de la película
lagrimal. Esta exploración permite detectar signos de irritación,
alteraciones del borde palpebral u otros hallazgos que ayuden
a explicar los síntomas.
También puede estudiarse la estabilidad de la lágrima,
es decir, cuánto tiempo permanece uniforme sobre la superficie
del ojo después de parpadear. Cuando pierde su continuidad demasiado
pronto puede existir un componente evaporativo, incluso aunque
inicialmente haya una cantidad de lágrima suficiente.
Si existen indicios de ojo seco evaporativo, la valoración puede
centrarse además en las glándulas de Meibomio,
situadas en los párpados. Estas glándulas producen parte del
componente lipídico que ayuda a limitar la evaporación de la lágrima.
Cuando se sospecha que el problema puede estar relacionado con
una producción insuficiente de lágrima, el
oftalmólogo puede recurrir a pruebas específicas para medirla.
Una de ellas es el test de Schirmer.
La combinación de estos hallazgos permite distinguir si predomina
un déficit acuoso, un componente evaporativo o una combinación
de ambos, información importante para orientar posteriormente
el tratamiento.